Primera parada. Asturias

Después de nueve meses, el mundo vuelve a girar sin rumbo. Por eso decidí ponérselo. Así que me embarqué para ver lo que hay más allá de la frontera de lo cotidiano. Me escapé, huí de lo que me rodeaba. Necesitaba alejarme de todo y de todos. Perder el contacto para poder reencontrarlo.Y para todo esto, viajé a Asturias. La verdad es que fue un experiencia muy peculiar. No vamos a decir rara, amarga o nefasta, porque no viene a cuento utilizar adjetivos tan negativos. Sin embargo, tampoco resultó tan provechosa como esperaba.
Si después de pasar calor durante un mes en Sevilla, te plantas de pronto en Asturias, más concretamente en Muros de Nalón, con lluvia, niebla y una temperatura que no sobrepasa los 18º, el cambio puede resultar un tanto brutal. Nada más pasar la frontera con Castilla (mi patria chica) salió a recibirnos la niebla y la lluvia. En ese momento me di cuenta que no estaba preparada para ese clima. Demasiada ropa de verano y poca de "entretiempo" o de tiempo asturiano. Y aunque parezca mentira, a mí no me importa pasar calor en verano. Será porque he pasado demasiado frío en invierno durante muchos años.
Tampoco conseguí ver los momumentos prerrománicos que colman la región. Me fascinan, la verdad. Poseen una belleza ignata, que da una sensación de tranquilidad y reposo cuando les admiras.
Pero a cambio pude disfrutar de espectaculares puestas de sol en el cabio Vidio, de maravillosas sendas al lado de la playa, así como de playas desiertas con fauna que no habría podido imaginar en el Mediterráneo (desde camarones hasta cangrejos ermitaños).
Mis tíos dijeron que el que viene a Asturias con lluvia y repite es que ha pasado la prueba de la tierra. La verdad es que no me importaría nada repetir. Eso sí, antes me aseguraré de ir en una ola de calor, para poder disfrutar de verdad del verano.
Arriba he puesto la foto del mar en San Esteban de Pravia, un día bastante nublado pero con mucho encanto. Al lado, la de Cudillero. Creo que es el pueblo más bonito de los alrededores. Increíble por la noche y maravilloso por el día. Eso sí, el que no quiera cuestas, que no vaya a visitarlo, está excavado en la ladera y no hay ninguna calle llana.


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