Caminante

Los viajes forman una experiencia inolvidable de nuestra vida. Con ellos aprendemos mucho y tenemos que afrontarnos a nuestros miedos. Quiero compartir estas experiencias para que puedan ayudar a creecer a los demás. Además, de recibir consejos sobre ellos de otras personas.

28.10.06

POMPEYA



Lo prometido es deuda. ASí que aquí tenéis mis aventuras en Pompeya.
A la semana siguiente de visitar Nápoles decidimos ir a Pompeya. El día anterior compramos los bielletes a Nápoles e hicimos una buena tortilla de patata para el bocadillo. Pero, al llegar a Termini (así es cómo se llama la estación de trenes de Roma) nos enteramos de que nuestro tren había sido cancelado. Con mucha resignación tuvimos que esperar al siguiente (una hora más tarde), que era de alta velocidad. En teoría, con este cambio sólo íbamos a llegar a Nápoles 20 minutos más tarde, solo en teoría.
Italia tiene un especial sistema de transporte. Estamos acostumbrados en España a que los trenes de alta velocidad tengan preferencia y que raramente lleguen con retraso. Pues bien, una vez en el tren, ya iniciada la marcha, nos tuvieron retenidos a la salida de Roma. Según nos informaron el semáforo de la vía estaba en rojo ( el día anterior había fue el del accidente de metro y no quería confundir un rojo, con un rojo permisivo -el conductor del metro se adentró en el túnel a pesar de que el semáforo estaba en rojo, por según ellos, existen los rojos permisivos...-). Esto nos supuso un retraso de 10 minutos. Pero ahí no acaba nuestro viaje. Antes de llegar a Nápoles estuvimos otra vez parados unos 20 minutos, por lo que llegamos -con un tren de alta velocidad- más de media hora tarde.
Una vez en Nápoles (cerca del mediodía) teníamos que encontrar una especie de metro-tren, la línea circunvesubiana, que llevaba hasta Pompeya. El problema no fue llegar a los andenes, sino saber qué andén y qué tren coger. Menos mal que unos ingleses armados de papel y boli nos lo indicaron.
El tren, más lleno que un autobús romano, tardó unos 45 minutos hasta Pompeya, con sus múltiples paradas intermedias. Casi a la una llegamos a la taquilla. De nuevo tgeníamos que enfretarnos a una prueba: entre ambos no llevábamos más de 12 €. A pesar de nuestra credencial de Erasmus de la Universidad de Roma, no parecían muy dispuestos a darnos la entrada gratis. Menos mal que también teníamos la tarjeta de la Universida de Sevilla.
Después de todo este periplo conseguimos entrar, aunque esta vez con un mapita del yacimiento (no como en Ostia). En él se detallaban tres rutas dependiendo del tiempo que quisieras emplear: de dos, cuatro y seis horas. Ni que decir tiene que vimos casi toda Pompeya -salvo los lugares que no estaban abiertos (la entrada es válida para dos días)-, eso sí, en tan solo cuatro horas -no teníamos más tiempo.
Pompeya es IMPRESIONANTE. Es una ciudad congelada en el tiempo, qaue aún tiene el pulso de sus antiguos habitantes. Los frescos parecen hablarnos al igual que sus graffitis y sus muertos. Se respira una ambiente tan vital que una se siente transportada al s. I d. C., antes de la erupción del Vesubio.
También te das cuenta de la grandiosidad del trabajo realizado. La estratigrafía de Pompeya es enorme y aún así, se ha llegado hasta la ciudad.
Una recomendación: todo el que tenga la oportunidad de visitar Pompeya que no la deje escapar o se arrepentirá.
Como veréis más abajo en las fotos, la momumentalidad es increíble, así como la belleza de lo que se ha conservado.
Para rematar el día, antes de visitar la última parte de la ciudad -correspondiente a los teatros y al anfiteatro-, me torcí de nuevo el tobillo que tenía mal. Afortunadamente llevaba una tobillera, por loq ue el daño fue menor. Asi que continuo en proceso de recuperación.
No tuvimos más aventuras en nuestro viaje de regreso: el circunvesubiano llegó al poco a la estación, el tren a Roma salió puntal y llegó, más o menos a su hora.
¡Qué hermosa es Pompeya! Por lo que tuvo que serlo aún más anteriormente. Entoces, la belleza que tuvo que desprender Roma...

1 Comments:

At 7:11 p. m., Anonymous Anónimo said...

Como me hubiera gustado caminar sobre vuestros pasos, disfrutar de vuestra alegría, abrazaros y reirme con ganas. Aunque aún me queda la esperanza de veros pronto y ver más fotos de Pompeya, me he quedado con ganas de más. Besos a los dos. Soy tu madre, chucha

 

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