VENECIA (PARTE 2)

Al día siguiente nos levantamos pronto para aprovechar nuestro segundo día en Venecia. Pero antes nos metimos entre pecho y espalda un buen desayuno que incluía la estancia en el hostal (capuccino, zumo, fruta, pan, cereales, yogur, mermelada casera...)
Más descansados que el día anterior reemprendimos la marcha a la estación. Esta vez, sin tantos agobios, nos montamos en el tren a Venecia, con la ilusión de volver a disfrutar de esta ciudad que tanto nos había gustado.
Al llegar, lo primero fue garantizar nuestro regreso a Treviso a tiempo para sacar la tarjeta de embarque. Así que nos dirigimos a la estación de autobuse (ya que hay una línea directa al aeropuerto) a comprar el billete.
Después con el mapa en la mano pusimos rumbo al Peggy Guggeheim. El trayecto que escogimos -el más corto- nos llevó por la parte menos turística de Venecia. Se vía más desolada y despoblada, pero conservaba todo el glamour y la belletez. Tras algunos errores de cálculo llegamos al museo, donde pudimos ver auténticas obras maestras del siglo XX.
Nuestra siguiente parada fue Santa María de la Salute, que vimos solo por fuera, a las orillas del Gran Canal, mientras las embarcaciones discurrían no tan apaciblemente como uno pueda imaginar. A decir verdad, vimos auténticos atascos en los canales, entre las embarcaciones privadas, los taxis, las colectivas y las góndolas.
Cuando regresábamos a la Plaza de San Marcos, cruzando uno de los puentes del Gran Canal, Aarón me dijo que teníamos que regresar porque no habíamos visto la portada de Santa María de la Salute. La cara que se me quedó fue la misma que la de Apu cuando se enteró que había tenido octillizos. Descojonándose, Aarón me dijo que era una broma, aunque era cierto que no habíamos visto la portada.
Continuamos hacia San Marcos y entramos de nuevo en la catedral para disfrutar de sus maravillosos mosaicos. Luego, en la plaza, nos entretuvimos un buen rato contemplando el Gran Canal.
El autobús a Treviso salía a las 16.30, así que teníamos que comer pronto y regresar a la otra punta de Venecia. Dicho y hecho. A medio camino nos paramos a comprar el almuerzo: un pan relleno de aceitunas y queso... (típico de Venecia) y unos dulces de postre (la tentación era tan fuerte...) Decidimos comerlo en las escaleras de la estación, porque había dejado mi mochila en consigna (tras cinco horas el precio aumentaba).
La comida fue un auténtico show. Cientos de palomas se arremolinaban a la caza de las migas. Aburridas porque no les dábamos nada, se fueron hacia otras personas. Sin embargo, los gorriones permanecieron. Íbamos dándoles pequeñas migajas, hasta que cogieron tanta confianza que nos las quitaban de las manos ¡Alucinante!
Aarón, no queriendo llegar apurado al autobús, me metió prisa para llegar. A las 15.30 estábamos allí. Faltaba toda una hora para que salier el nuestro. Como estaba cansada y helada, le dije a Aarón que cogiéramos el anterior y por lo menos estaríamos sentados y calentitos. Por eso, llegamos a Treviso con bastante antelación. Además, nuestro vuelo se retrasó casi una hora, por lo que pasamos la tarde en el aeropuerto.
Cuando llegamos a Roma, lo primero que hice fue tropezarme con el suelo irregurla, típico de Roma, pero no de Venecia.
Y así finaliza nuestro viaje a Venecia, una ciudad maravillossa, hermosa y que te enamora, a la que espero volver algún día.


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