LA PLAYA

Uno de los placeres de la vida consiste en escuchar el sonido del mar. Las olas van y vienen, baten aquí y allí, rompen y se rehacern, creando una cadencia musical en la que no hay espacio para el estres.
No importa que llueva, que haga frío o viento (bueno este úlitmo es bastante molesto), porque al estar cerca del mar te reglará un trocito de tranquilidad.
Soy marinera de tierra y no aspiro a más. Simplemente a disfrutar del mar cudnao pueda rodeada de buena compañía. Y el sol que saldrá aunque sea un ratito, te dará también la bienvenida con un cálido abrazo que agradecerás eternamente.
La necesidad del mar es la necesidad de uno mismo. Los diálogos son pausados y prudentes, minetras que los problemas parecen diluirse en su inmesidad. Delante de lo inabarcable te das cuenta de tu insignificancia, de tus miedos y de tus defectos. Te quedas desnudo, incluso un tanto desconcertado. Pero en ese momento surgen las respuetas a muchas preguntas y las soluciones a los problemas.
Me encanta disfrutar del mar.



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