MÉRIDA
Después de un prudencial tiempo decidimos volver a Mérida. Pero, ¿hay ciudades malditas? Mi respuesta es contundente: sí y no están perdidas en medio de ninguna jungla. Son lugares cotidianos para otras personas pero cada vez que nos acercamos nos afectan de una manera inimaginada.
La primera vez que visité Mérida estaba totalmente empastillada, no dejó de llover y no recuerdo haber pasado tanto frío en mi vida. La verdad es que a pesar de todos esos inconvenientes, sus ruinas me fascinaron. Esta vez no ha sido así. Mis recuerdos se han fusionado: de nuevo pasé por un estado horrible provocado por una medicina infame que me hizo ir al excusado con una frecuencia inusual. A base de suero y zumo de limón ni si quiera la visión de una ruina me levantó el ánimo de arqueóloga.
Mérida me pareció una ciudad muy pueblerina, una creación ex novo, con una capitalidad inmerecida. Aún debe mejorar mucho porque se percibe una endogamia hasta en sus negocios: vivir de turista.
La primera vez que visité Mérida estaba totalmente empastillada, no dejó de llover y no recuerdo haber pasado tanto frío en mi vida. La verdad es que a pesar de todos esos inconvenientes, sus ruinas me fascinaron. Esta vez no ha sido así. Mis recuerdos se han fusionado: de nuevo pasé por un estado horrible provocado por una medicina infame que me hizo ir al excusado con una frecuencia inusual. A base de suero y zumo de limón ni si quiera la visión de una ruina me levantó el ánimo de arqueóloga.
Mérida me pareció una ciudad muy pueblerina, una creación ex novo, con una capitalidad inmerecida. Aún debe mejorar mucho porque se percibe una endogamia hasta en sus negocios: vivir de turista.


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