Caminante

Los viajes forman una experiencia inolvidable de nuestra vida. Con ellos aprendemos mucho y tenemos que afrontarnos a nuestros miedos. Quiero compartir estas experiencias para que puedan ayudar a creecer a los demás. Además, de recibir consejos sobre ellos de otras personas.

19.11.06

CUENTA ATRAS


Ya falta poco para que esta maravillosa estancia en Roma toque a su fin. Con el ánimo un tanto apenado y todavía con el buen sabor de Venecia en los labios decidimos ver la pirámide de Cayo Sextio. La verdad es que una vez que estás allí no transmite mucho: un figura piramidal que rompe totalmente con la muralla.
No hay nada que pueda compararse a las pirámides de Egipto. Además, me recordó mucho más a una Nubia que a una egipcia, por el grado de inclinación.
Aprovechándo que estábamos por la zona fuimos a mercado del Testaccio. Andes de llegar pasamos el monte que da nombre a la zona -más que un monte son metros y metros de materiales cerámcios acumulados desde época republicana-, pero estaba cerrado al público.
A los pocos días recibimos nuestra primera visita. Nuestras vidas no saldrían de la monotonía, pues nunca la hemos tenido. Con Pedro aquí volvimos a visitar muchos lugares, aunque es justo reconocer de una forma un tanto estresante, apresurada y desorganizada. El ritmo durante esos días fue infernal. Menos mal que la que esto escribe no se apuntaba a todo y podía estar un buen rato en casa para descansar. Druante estos días visitarmos el Panteón, el Gesú, San Ignacio, Santa María Sopra Minerva, San Luis de los Franceses, Santa Maria della Vittoria, el Vaticano y sus museos, Trevi, Sant'Ivo alla Sapienza, San Carlino alle cuattro Fontane, San Andrea del Quirinale, Santa María del Popolo, los museos Capitolinos, el Foro, el Coliseo y la Galería Doria Pamphilij.
Al irse, decidimos no romper con el ritmo de las visitas y ese mismo día nos encaminamos a las catacumbas de Santa Domitila. Esta visita era obligatoria -con el mundial de Fórmula Uno aún el aire Aarón creía que iba a ganar Schumaker y yo Alonso, así que hicimos una puesta: si ganaba Schumaker iríamos a Villa Borghese y si lo hacía Alonso, a las Catacumbas-.
ESta vez fuimos en autobús ahorrándonos una gran caminata. Como éramos los únicos españoles nos hicieron una guía a nosotros solos, una visita particular. Aarón salió fascinado y no era para menos: más de 18km (no te enseñan ni uno) de galerías en los que habían sido sepultadas más de 150.000 personas.
Un par de días después paseamos por el Monte Oppio, viendo los "restos" de las termas de Trajano. Aunque están diseminados por el parque, su tamaño no tiene nada que envidiar a las de Caracalla. Ese mismo día, ya por la tarde, nos tomamos un magnífico chocolate caliente en una cafetería que tenía más de 32 sabores de chocolate y 48 de té!!
¡Cómo voy a echar de menos Roma cuando me marche!

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