SER, PODER Y QUERER SER
No es lo mismo el acto que la potencia. Cosa obvia pero no tanto en nuestro tiempo. Ser significa tener unas cualidades para algo, mientras que poder encierra en sí una potencia de la acción: el individuo aún no ha desarrollado sus cualidades aunque está en disposición de hacerlo.
Esta división era fácilmente entendible hace ya algunos años, pero hoy no ya que ha aparecido un nuevo concepto: querer ser. Ya no importa si uno puedo o no llegar a ser algo. Hoy en día se nos vende como una fórmula mágica el querer ser; así que si uno pone el suficiente empeño lo logrará. Desde un punto de vista idílico, esta nueva propuesta va a mejorar el mundo, ya que cada persona puede superar sus limitaciones, abriendo un nuevo horizonte. Sin embargo, abramos los ojos, esto sólo sucede en un número limitado de casos -muy difundidos por los medios de comunicación-.
Hoy en día, las frustraciones, depresiones y el stress están a la orden del día, convirtiéndose en auténticas lacras sociales. ¿Quién no ha conocido a una persona que haya sufrido depresión?¿Quién no ha sufrido en sus propias carnes el stress? La nueva ideología del querer ser nos lleva a plantearnos la vida como una carrera de metas: una vez conseguida una hay que seguir corriendo para llegar a otra y así sucesivamente, porque si no llegamos o no somos los primeros, nuestros esfuerzos no habrás servido para nada. Los adolescentes ya no estudian porque tengan una obligación -ya que guardan en sí un poder ser-, sino PARA la consecución de unas metas, cada vez más cercanas una de otras -obtener el título de ESO o Bachillerato, no ya para estudiar en la universidad-, que no permiten una reflexión.
Esta división era fácilmente entendible hace ya algunos años, pero hoy no ya que ha aparecido un nuevo concepto: querer ser. Ya no importa si uno puedo o no llegar a ser algo. Hoy en día se nos vende como una fórmula mágica el querer ser; así que si uno pone el suficiente empeño lo logrará. Desde un punto de vista idílico, esta nueva propuesta va a mejorar el mundo, ya que cada persona puede superar sus limitaciones, abriendo un nuevo horizonte. Sin embargo, abramos los ojos, esto sólo sucede en un número limitado de casos -muy difundidos por los medios de comunicación-.
Hoy en día, las frustraciones, depresiones y el stress están a la orden del día, convirtiéndose en auténticas lacras sociales. ¿Quién no ha conocido a una persona que haya sufrido depresión?¿Quién no ha sufrido en sus propias carnes el stress? La nueva ideología del querer ser nos lleva a plantearnos la vida como una carrera de metas: una vez conseguida una hay que seguir corriendo para llegar a otra y así sucesivamente, porque si no llegamos o no somos los primeros, nuestros esfuerzos no habrás servido para nada. Los adolescentes ya no estudian porque tengan una obligación -ya que guardan en sí un poder ser-, sino PARA la consecución de unas metas, cada vez más cercanas una de otras -obtener el título de ESO o Bachillerato, no ya para estudiar en la universidad-, que no permiten una reflexión.
Y es que nuestra sociedad moderna occidental está cada día más alejada de la reflexión. Se actúa casi por impulso, para evadirse, siguiendo unos modelos propuesto en la mayor parte de la veces por la televisión. Muchas personas no se dan cuenta de que su única meta es querer ser como un determinado personaje televisivo -muchas veces ficticio-.
Las frustraciones llenan nuestra vida, pero tampoco nos preocupamos por ellas: la televisión nos propondrá alternativas o, en seguida nos incitará a seguir nuevos modelo/metas mucho más cercanos y accesibles por lo que nuestro esfuerzo cada vez será menor.
Cuando uno se baja de este carro y se sienta tranquilamente a pensar y a observar, se da cuenta de que en la naturaleza sólo existen el ser y el poder. Mientras que el querer ser queda relegado a historias de superación por las dificultades que plantea la vida. Si lo enfocamos de esta manera nuestra sociedad avanzaría hacia nuevas formas.
Siendo realistas, si esto ocurriera podrían tambalearse las estructuras políticas y económicas. Y eso, ¿a quién interesa?


