Caminante

Los viajes forman una experiencia inolvidable de nuestra vida. Con ellos aprendemos mucho y tenemos que afrontarnos a nuestros miedos. Quiero compartir estas experiencias para que puedan ayudar a creecer a los demás. Además, de recibir consejos sobre ellos de otras personas.

12.4.07

LA PLAYA





Uno de los placeres de la vida consiste en escuchar el sonido del mar. Las olas van y vienen, baten aquí y allí, rompen y se rehacern, creando una cadencia musical en la que no hay espacio para el estres.


No importa que llueva, que haga frío o viento (bueno este úlitmo es bastante molesto), porque al estar cerca del mar te reglará un trocito de tranquilidad.


Soy marinera de tierra y no aspiro a más. Simplemente a disfrutar del mar cudnao pueda rodeada de buena compañía. Y el sol que saldrá aunque sea un ratito, te dará también la bienvenida con un cálido abrazo que agradecerás eternamente.

La necesidad del mar es la necesidad de uno mismo. Los diálogos son pausados y prudentes, minetras que los problemas parecen diluirse en su inmesidad. Delante de lo inabarcable te das cuenta de tu insignificancia, de tus miedos y de tus defectos. Te quedas desnudo, incluso un tanto desconcertado. Pero en ese momento surgen las respuetas a muchas preguntas y las soluciones a los problemas.

Me encanta disfrutar del mar.

MÉRIDA

Después de un prudencial tiempo decidimos volver a Mérida. Pero, ¿hay ciudades malditas? Mi respuesta es contundente: sí y no están perdidas en medio de ninguna jungla. Son lugares cotidianos para otras personas pero cada vez que nos acercamos nos afectan de una manera inimaginada.

La primera vez que visité Mérida estaba totalmente empastillada, no dejó de llover y no recuerdo haber pasado tanto frío en mi vida. La verdad es que a pesar de todos esos inconvenientes, sus ruinas me fascinaron. Esta vez no ha sido así. Mis recuerdos se han fusionado: de nuevo pasé por un estado horrible provocado por una medicina infame que me hizo ir al excusado con una frecuencia inusual. A base de suero y zumo de limón ni si quiera la visión de una ruina me levantó el ánimo de arqueóloga.

Mérida me pareció una ciudad muy pueblerina, una creación ex novo, con una capitalidad inmerecida. Aún debe mejorar mucho porque se percibe una endogamia hasta en sus negocios: vivir de turista.

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