Caminante

Los viajes forman una experiencia inolvidable de nuestra vida. Con ellos aprendemos mucho y tenemos que afrontarnos a nuestros miedos. Quiero compartir estas experiencias para que puedan ayudar a creecer a los demás. Además, de recibir consejos sobre ellos de otras personas.

28.11.06

LA PINTURA



Cuando uno pinta tiene la necesidad de expresarse, de transmitir el medio que nos rodea. Pero ya a comienzos del siglo XXI, muchas imágenes han perdido totalmente su significado, mientras que otras han adquirido uno nuevo.

Así, viendo una exposición de Matisse y Bonard se ve cómo el color va ganan al dibujo, aunque la trascendencia de este último no queda silenciada. Los colores se separan de la visión academicista para conseguir nuevas luces y nuevos motivos, en una sociedad que guarda férreamente las convinciones sociales -principios del s. XX-.

Ahora, según muchos entendidos, vagamos por el mundo sin una referencia moral, con un "todo vale" que dificulta el discernimiento entre lo bueno y lo malo tanto en categorías absolutas como en su concreción más simple. Sin embargo, no creo que esto se así. Las reglas, tanto morales como sociales (tal vez no las económicas), han cambiado en apenas un siglo y de una forma tan vertiginosa que nos cuesta encontrarlas sentido. Pero he aquí la cuestión: no todo vale.

La intolerancia y la imposición de criterios está a la orden del día. Andy Warhol fue un rupturista y, a su modo, Caravaggio. Y aunque continuáramos con una larga lista de pintores nos daríamos cuenta de que muchos han caído en el olvido porque su obra no supuso mucho (o no ha quedado nada). Más aún en el pasado siglo XX y no digamos en el que nos queda por recorrer.

Los criterios han variado. Nos movemos en un mundo en el que la multiplicidad de puntos de vista resulta apabullante. Pero todo responde a una lógica: durante el s. XX la educación se extendió, dando lugar a un gran número de licenciados, cada cual con su punto de vista y sus ganas de construir el mundo.

Un par de decenios después, esta misma gente se dio cuenta de que tanta gente pensando y opinando cortaba su campo. Afortunadamente no se redujo la educación, pero sí se influyó para que no se cambiase el orden establecido creando una sociedad de bienestar media. Ya los licenciados no querían cambiar el mundo, ni los alumnos de instituto se preocuan por el mundo que está más allá de sus narices.

La pintura no puede reflejar aquello que no tiene una imagen. Por eso, los colores nos adentran en el alma humana de nuestro tiempo. La línea -jamás, repito, olvidada-, sabe dejar paso a cuadros un tanto vacíos que representan la mediocridad de la sociedad media. En esta sociedad cristalina -por los múltiples puntos de vista, no por su claridad-, la crítica es silenciosa y no todo vale.

Volviendo a la línea o dibujo, sus formas clásicas nos conducen a pensar en lo establecido. Aunque siempre, como una ruptura de la realidad, intenta revelarse de una manera tímida. Cuando representa imágenes poco o nada académicas genera una cierta oposición: es la crítica feroz de lo que nos rodea. Nos inquieta, no estamos agusto; intenta remover en nuestra conciencia ese sentimiento de inconformismo que ha hecho progresar a la humanidad.

Todas las expresiones culturales son fruto de su tiempo, pero a la vez son generadoras de nuevas eras. Es un proceso "dialéctico" (aunque no Hegeliano) en cuanto conlleva un movimiento aunque no sepamos su destino.

26.11.06

CIAO ROMA, CI'VEDIAMO PRONTO


La tristeza me impidió despedirme convenientemente en Roma, a pesar de que lo iba anunciando. Ahora, en España, me propongo recapitular ante todo lo que he vivido. Sin embargo, no cerraré este capítulo, va a estar siempre abierto, ya que me ha marcado.

Bien empecemos ... por el final. Los últimos días, como no puede ser de otra manera, fueron tristes. La melancolía invadía cada visita, cada acto. Pero, en fin, no ahondemos más en ello. Una de nuestras últimas visitas fue la exposición de Matisse y Bonard, en el Vittoriano. Gracias a esta visita se me ocurrió una reflexión bastante interesante que pronto publicaré.

También estuvimos en Santa Maria in Trastevere. Para mí, la mejor iglesia de Roma. En ella los colores se subliman hasta llegar a parámetros desconocidos. Por último, nos quedó el Foro. Paseamos por sus calles en un día tan nublado como melancólico. Último día en Roma y gran tristeza. Así que, para finalizar bien el día nos tomamos un helado en "Della Palma" (donde puedes elegir entre más de cien sabores) y una pizza. En estos momentos ya estábamos acompañados por Isaac, el hermano de Aarón.

La despedida en Termini... mejor se queda en mi memoria, porque aún las lágrimas acuden a mis ojos y atenzan mi garganta.

Al llegar a Segovia, la pregunta de qué tal en Roma se repite pero, ¿cómo resumir los tres meses allí vividos? Lo único que se me ocurre decir es GENIAL y poco a poco, tal vez demasiado lento, voy contanto pequeñas anécdotas o cosas extraordinarias.

De momento no puedo recapitular, aún me siento en Roma. Mi casa, en Via Urbana 23, mis sentimientos en Santa María in Trastevere, mis pasos, en cada calle de Roma, mis ojos, viendo momumentos y mi corazón junto a Aarón.

19.11.06

MUSEOS


Cuando se pasea por Roma las ruinas, los monumentos y los edificios singulares salen a tu encuentro. Sin embargo, los museos quedan un tanto apartados.
Los más famosos, como los Vaticanos, forman largas colas, en las que pacientemente espera miles de turistas. Pero Roma es mucho más que todo eso. Un refrán reza que "Roma no basta una vita" (no es suficiente una vida para Roma) y, después de este tiempo aquí estoy totalmente de acuerdo.
El otro día paseando por vía Merula, que une Santa María Maggiore con San Giovanni Laterano, nos dimos cuenta de que aún no habíamos visto el Museo de Arte Oriental. Con nuestra credencial -que no hizo falta, pues ni la miró- pudimos ver piezas increíbles del arte persa, chino, hindú y abásida. Estábamos practicamente solso en el museo por su falta de publicidad. Una pequeña joya cerca de nuestra casa.
Dos días después emprendimos el camino hacia la Academia Belga en Roma. Nos habíamos inscrito en el Congreso de "Las religiones orientales en el mundo Griego y Romano: cien años después de Cumont (1906-2006)".
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, fuimos a Villa Guilia, acutal sede del museo etrusco, al lado de la Academia. No disponíamos de mucho tiempo, por lo que sólo obtuvimos una imagen general del mismo. Sin embargo, sus explicaciones y paneles (siempre en italiano e inglés) permitían conocer y contextualizar las piezas expuestas. Por eso nos encontramos con varias excursiones de estudiantes. Aunque, como la mayor parte de los museos de Italia está bastante desestructurado. No todo iban a ser cumplidos.
Seguramente aún nos quedan por descubrir sitios indescriptibles de Roma. Habrá que volver y redescubrir lo que hoy disfrutamos

CUENTA ATRAS


Ya falta poco para que esta maravillosa estancia en Roma toque a su fin. Con el ánimo un tanto apenado y todavía con el buen sabor de Venecia en los labios decidimos ver la pirámide de Cayo Sextio. La verdad es que una vez que estás allí no transmite mucho: un figura piramidal que rompe totalmente con la muralla.
No hay nada que pueda compararse a las pirámides de Egipto. Además, me recordó mucho más a una Nubia que a una egipcia, por el grado de inclinación.
Aprovechándo que estábamos por la zona fuimos a mercado del Testaccio. Andes de llegar pasamos el monte que da nombre a la zona -más que un monte son metros y metros de materiales cerámcios acumulados desde época republicana-, pero estaba cerrado al público.
A los pocos días recibimos nuestra primera visita. Nuestras vidas no saldrían de la monotonía, pues nunca la hemos tenido. Con Pedro aquí volvimos a visitar muchos lugares, aunque es justo reconocer de una forma un tanto estresante, apresurada y desorganizada. El ritmo durante esos días fue infernal. Menos mal que la que esto escribe no se apuntaba a todo y podía estar un buen rato en casa para descansar. Druante estos días visitarmos el Panteón, el Gesú, San Ignacio, Santa María Sopra Minerva, San Luis de los Franceses, Santa Maria della Vittoria, el Vaticano y sus museos, Trevi, Sant'Ivo alla Sapienza, San Carlino alle cuattro Fontane, San Andrea del Quirinale, Santa María del Popolo, los museos Capitolinos, el Foro, el Coliseo y la Galería Doria Pamphilij.
Al irse, decidimos no romper con el ritmo de las visitas y ese mismo día nos encaminamos a las catacumbas de Santa Domitila. Esta visita era obligatoria -con el mundial de Fórmula Uno aún el aire Aarón creía que iba a ganar Schumaker y yo Alonso, así que hicimos una puesta: si ganaba Schumaker iríamos a Villa Borghese y si lo hacía Alonso, a las Catacumbas-.
ESta vez fuimos en autobús ahorrándonos una gran caminata. Como éramos los únicos españoles nos hicieron una guía a nosotros solos, una visita particular. Aarón salió fascinado y no era para menos: más de 18km (no te enseñan ni uno) de galerías en los que habían sido sepultadas más de 150.000 personas.
Un par de días después paseamos por el Monte Oppio, viendo los "restos" de las termas de Trajano. Aunque están diseminados por el parque, su tamaño no tiene nada que envidiar a las de Caracalla. Ese mismo día, ya por la tarde, nos tomamos un magnífico chocolate caliente en una cafetería que tenía más de 32 sabores de chocolate y 48 de té!!
¡Cómo voy a echar de menos Roma cuando me marche!

15.11.06

VENECIA (PARTE 2)



Al día siguiente nos levantamos pronto para aprovechar nuestro segundo día en Venecia. Pero antes nos metimos entre pecho y espalda un buen desayuno que incluía la estancia en el hostal (capuccino, zumo, fruta, pan, cereales, yogur, mermelada casera...)
Más descansados que el día anterior reemprendimos la marcha a la estación. Esta vez, sin tantos agobios, nos montamos en el tren a Venecia, con la ilusión de volver a disfrutar de esta ciudad que tanto nos había gustado.
Al llegar, lo primero fue garantizar nuestro regreso a Treviso a tiempo para sacar la tarjeta de embarque. Así que nos dirigimos a la estación de autobuse (ya que hay una línea directa al aeropuerto) a comprar el billete.
Después con el mapa en la mano pusimos rumbo al Peggy Guggeheim. El trayecto que escogimos -el más corto- nos llevó por la parte menos turística de Venecia. Se vía más desolada y despoblada, pero conservaba todo el glamour y la belletez. Tras algunos errores de cálculo llegamos al museo, donde pudimos ver auténticas obras maestras del siglo XX.
Nuestra siguiente parada fue Santa María de la Salute, que vimos solo por fuera, a las orillas del Gran Canal, mientras las embarcaciones discurrían no tan apaciblemente como uno pueda imaginar. A decir verdad, vimos auténticos atascos en los canales, entre las embarcaciones privadas, los taxis, las colectivas y las góndolas.
Cuando regresábamos a la Plaza de San Marcos, cruzando uno de los puentes del Gran Canal, Aarón me dijo que teníamos que regresar porque no habíamos visto la portada de Santa María de la Salute. La cara que se me quedó fue la misma que la de Apu cuando se enteró que había tenido octillizos. Descojonándose, Aarón me dijo que era una broma, aunque era cierto que no habíamos visto la portada.
Continuamos hacia San Marcos y entramos de nuevo en la catedral para disfrutar de sus maravillosos mosaicos. Luego, en la plaza, nos entretuvimos un buen rato contemplando el Gran Canal.
El autobús a Treviso salía a las 16.30, así que teníamos que comer pronto y regresar a la otra punta de Venecia. Dicho y hecho. A medio camino nos paramos a comprar el almuerzo: un pan relleno de aceitunas y queso... (típico de Venecia) y unos dulces de postre (la tentación era tan fuerte...) Decidimos comerlo en las escaleras de la estación, porque había dejado mi mochila en consigna (tras cinco horas el precio aumentaba).
La comida fue un auténtico show. Cientos de palomas se arremolinaban a la caza de las migas. Aburridas porque no les dábamos nada, se fueron hacia otras personas. Sin embargo, los gorriones permanecieron. Íbamos dándoles pequeñas migajas, hasta que cogieron tanta confianza que nos las quitaban de las manos ¡Alucinante!
Aarón, no queriendo llegar apurado al autobús, me metió prisa para llegar. A las 15.30 estábamos allí. Faltaba toda una hora para que salier el nuestro. Como estaba cansada y helada, le dije a Aarón que cogiéramos el anterior y por lo menos estaríamos sentados y calentitos. Por eso, llegamos a Treviso con bastante antelación. Además, nuestro vuelo se retrasó casi una hora, por lo que pasamos la tarde en el aeropuerto.
Cuando llegamos a Roma, lo primero que hice fue tropezarme con el suelo irregurla, típico de Roma, pero no de Venecia.
Y así finaliza nuestro viaje a Venecia, una ciudad maravillossa, hermosa y que te enamora, a la que espero volver algún día.

7.11.06

Venecia (Parte 1)


3:30 de la madrugada. Suena el despertador. Sí, aunque parezca increíble, a esa hora nos levantamos el día que fuimos a Venecia. A pesar de que nuestro avión despegaba cerca de las 7, el autobús que teníamos que coger para ir a Ciampino -el segundo aeropuerto de Roma-, salía a las 4:30.
En un abrir y cerra de ojos nos plantamos en las desiertas calles de Roma y con un frío considerable. Así iniciamos nuestro viaje. Como no podía ser de otra manera, una ola de frío nos acompañó en esta incursión al norte. Seguramente si hubieramos decidido ir al sur hubiéramos sufrido una de calor. Esto solo nos pasa a nosotros.
Para no correr aventuras desagradables, habíamos ya comprado el billete. Así que a las cuatro y muy poco estábamos todo lo calentitos que podíamos dentro del autobús. Lejos de nuestra costumbre llegamos con tiempo de sobra, aunque esta sería una rara excepción.
Una vez en el aeropuerto, sacamos la tarjeta de embarque sin ningún problema. Esos sí, como era tan pronto, estaba todo cerra y el frío se colaba por todas las rendijas. Al aterrizar en Treviso, el capitán amablemente nos informó de que el tiempo era "very very cold". Vamos que hacía uno frío de mil diablos (0ºC al llegar, cuando tres días antes habíamos llegado a los 26º). Al salir del avión el frío nos abofeteó con ganas.
Teníamos reservada una habitación en Treviso. Mientras averiguábamos cómo comprar el billete de autobús para llegar a la ciudad, vimos como se ajeaba el nuestro, por lo que tuvimos que esperar al siguiente, eso sí, en el solito, que vaya frío.
Una vez en el hostal, nos tenían preparada la habitación, y eso que eran las 8:30 de la mañana, y subimos a dejar la mochila. Rápidamente emprendimos el camino a la estación de trenes. cuando llegamos comprobamos que el siguiente tren para Venecia salía en menos de cinco minutos. Si lo perdíamos tendríamos que espera una hora y media. con celeridad pregruntamos a una revisora si podíamos adquirir el billete en el tren. Nos constestó que sí, pero con un precio de 25€ (eso, en mi pueblo, es una señora multa). Apresurados tuvimos que ir a comprar el billete, regresar al andén y validarlos -picarlos-, en las máquinas del andén. Todo esto, repito, en menos de cinco minutos. Al final, a la carrera conseguimos montarnos y, acto seguido, el tren se puso en marcha.
El trayecto a Venecia no supuso más de 20 minutos y según te acercabas a la ciudad parecía que el tren iba sobre las aguas. Una pequeña carretera conecta Venecia con la tierra firme.
Al llegar decidimos hacernos con un mapa. ESta vez nos tocó pagar 2 €. Venecia es una ciudad que vive del turismo y esto se nota muchísimo en el bolsillo ( pasar una noche puede salirte como mínimo por 100€)
Nada más salir de la estación, la ciudad nos regaló la imagen del Gran Canal. Quedé atónita. Los colores bailaban, se fusionaban y mezclaban dejando tras de sí miles de destellos que conformaban una nueva imagen de la ciudad.
¡Qué hermosa es Venecia! Creo que es una de las ciudades más bonitas del mundo -aunque para otros sea Florencia, ¿verdad tío?-
La verdad es que antes de empezar nuestra visita estábamos un poco derrotados por el madrugón. Así que lo primero que hicimos fue redesayunar. Con esto repusimos fuerzas e iniciamos la ruta. Pero, he aquí una de las grandes tentaciones de Venecia: ¡sus pastelerías! A cada pocos metros te encontrabas una, a cada cual más suculenta. En sus escaparates se veían desde: strudels, pan de moro -especie de gran galleta de chocoltae y almendras-, tiramisus, taratas de ricotta y panacotta, bombones de todas las clases, turrones, tartas indescriptibles y millones de chocolates... Más de una vez se nos hizo la boca agua.
Nuestro objetivo aquel día era visitar San Marcos, La Academia, y el Peggy Guggeheim. San Marcos fue lo primero, tras el Puente Rialto. Al entrar en la basílica pudimos alejarnos de las hordas de palomas que pueblan su plaza. Me llamó la atención que la entrada fuera libre, pero lo que más me impresionó fue su interior: está completamente decorada con mosaicos bizantinos de una calidad excepcional. Resumiendo: me quedé con la boca abierta. Había estudiado algo sobre San Marcos, pero el lujo de detalles en los mosaicos y la riqueza de sus tesselas dorasds no pueden recogerse en una fotografía.
Aunque había ciertas partes que tenías que pagar. Decidimos entrar al ábside. creía que había pagado por ver más de cerca los mosaicos y unas pinturas, pero me equivocaba. Allí se encontraba la Pala de Oro, una auténtica obra maestra del cloisone. También visitamos la logia de los caballos, lo que nos dio acceso a la balconada, desde donde pudimos ver la plaza y el Gran Canal.
Después fuimos a la Academia, en donde, gracias a la tessera no tuvimos que pagar. Allí vimos cuadros de Tiziano, Tintoretto, Veronés y Giorgione.
Tras ello, tocaba comer. Mis fuerzas estaban bastante mermadas, por lo que decidimos dejar el Guggeheim para el día siguiente. Antes de ir al tren nos paramos en una pastelería a comprar strudels (una especie de patel de hojaldre relleno de miel, cabello de ángel y frutos secos). No os podéis hacer una idea de cómo estaban....
Callejeamos un poco y regresamos a la estación. A nuestro paso los gondoleros nos fueron ofreciendo sus servicios, como es típico.
Llegamos al hostal sobre las 6 con un intenso frío y ya no volvimos salir. La cena: un bocadillo de tortilla de patata preparado por nosotros.
Poco después de las 9 estábamos profundamente dormidos, reponiendo energía para el siguiente día en Venecia.

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